Berenice

Sin títuloDurante mi adolescencia, pocos libros generaron en mí, una sensación tan oscura y melancólica como las Narraciones Extraordinarias de Edgar Allan Poe. De entre sus cuentos, Berenice es para mí el más increíble de todos…

Dicebant mihi sodales si sepulchrum amicae visitarem, curas meas aliquantulum fore levatas

Berenice

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Una bengala para Pinochet (relato corto)

BENGALA-ANTORCHA1998 fue un año extraño. En marzo Pinochet asume como senador vitalicio y meses después cae detenido en Londres, Chile jugó en el mundial de Francia y yo comencé a conocer las bondades (o desventuras) de los destilados de gama baja.

                                                               

Hace muchos años que no sé nada de René.

René fue un gran amigo que tuve en la Universidad, lo conocí a mediados de 1997, en una de las tantas tomateras que se hacían en el Jardín Botánico de Viña del Mar, que en esos años, era el patio trasero de la casa de estudios donde yo intentaba sacar un título.

Recuerdo que cuando nos presentaron y comenzamos a hablar, nos dimos cuenta de inmediato que teníamos algo muy en común: los dos estábamos a 3 milímetros de convertirnos en alcohólicos. Luego de esa ocasión, comenzamos a vernos regularmente en distintos bares, sobre todo de Valparaíso, donde la tónica fueron las largas y regadas jornadas de conversación, que por lo general giraban con gran fuerza centrípeta hacia un mismo punto central: la política.

Si bien ninguno de los dos era de derecha, René era especialmente radical al respecto. De hecho, si él hubiera nacido en el medio oriente, habría sido el más talibán de los talibanes.

El punto es que mi amigo era la persona más marxista que había conocido (hasta hoy). Era tan marxista que fue capaz de leer los tres libros completos (con sus 17 secciones en total) de “El Capital” de Carlitos Marx. Era tan materialista su pensamiento, que en él no había duda sobre que, el pensamiento, sólo era una super estructura de la materia, y que por lo tanto, no existía ni debía existir, ni siquiera  un ápice de espiritualidad en el ser humano.  Era tan rojo mi amigo, que cuando quiso entrar al Partido Comunista, no lo dejaron entrar por ser demasiado comunista.

Con René, comenzamos a juntarnos en distintos antros y locales del puerto,  en una especie de peregrinación en busca del santo grial del conceso de nuestras ideas. En una de esas ocasiones, la noche del 30 de Diciembre, nos encontramos en un local de la famosa subida Ecuador de Valparaíso, llamado “El Mariela”, el cual era tan feo, hediondo a pichí y a vómitos ajenos, que fácilmente podría decirse que era Valparaíso hecho bar.

Esa noche había un evento especial, una “intervención artística”, hecha por poetas de la ciudad, la cual no resultó del todo exitosa. Uno de estos presumidos vates, tuvo la mala ocurrencia de comenzar a mofarse de manera solapada y amariconada del populacho, del vulgo, del lumpen proletariado, de los rotos, es decir, de todos los weones que estaban en el local. La respuesta no se hizo esperar y un pescador artesanal del puerto, quisca en mano, le dijo estas certeras, bellas y precisas palabras: “Cállate conchetumadre si querís salir vivo de acá”.  Silencio.

No pudimos ignorar lo que había pasado. De una manera brutal e irracional quizás, este pescador había hecho algo para defender la dignidad de todos los que estábamos ahí. Fue algo demencialmente heroico. Luego que los poetas se callaran y fueran, todo volvió a la normalidad, es decir, al alcohol a granel.

Ya eran casi las 3 de la mañana, cuando la conversación se puso monótona y decadente, por este motivo decidimos salir del local. Fue esa decisión la que comenzó todo el desastre que pasó después.

Como nos “agarró el aire”, nuestra sangre empezó a hervir de ansias por justicia social,  mi boca balbuceante comenzó una triste apología del materialismo histórico y mi amigo René comenzó a mover sus manos de manera frenética mientras descuartizaba al liberalismo burgués de la derecha chilena. Luego de eso, y sin querer queriendo, llegamos a la conclusión que debíamos hacer nuestro propio acto de heroísmo- como el del pescador-, pero como suele pasar en estas ocasiones, no todo salió como esperábamos.

Compramos los 5 paquetes de fuegos artificiales que nos ofreció un abuelo curado en la esquina de Bellavista con Condell y con mi amigo marxista, nos fuimos a parar frente al consulado británico, en pleno parque Brasil.

Totalmente borrachos, comenzamos a confeccionar con la tierra del parque, sendas plataformas de despegue para las bengalas que compramos. Algunos semestres de matemáticas y física básica nos permitieron establecer las dimensiones y ángulos para que las pistas de lanzamiento llevaran a nuestros “emisarios luminosos”, directamente al frontis de consulado. La idea era simple: Celebrar la detención de Pinochet, que hacía un par de meses había ocurrido en Inglaterra.

Nuestros movimientos, no del todo sigilosos, fueron detectados por los carabineros que custodiaban el edificio, de hecho alcanzamos a ver que uno de ellos, comenzó a hablar por radio. Era obvio, estaban pidiendo refuerzos.

Si bien la contienda era desigual, no fuimos amedrentados por la represión estatal y comenzamos nuestro bombardeo de colores hacia la representación del imperio británico. Eran 25 bengalas, sólo 13 llegaron a volar.

Cuando prendíamos la bengala 14, fuimos tomados por sorpresa y de manera artera, por la policía verde. Terminamos en una comisaría de cerro Barón, esa que queda al lado de la Iglesia San Francisco, un 31 de Diciembre de aquel convulsionado año.

Vendrán lluvia suaves

Este es un corto poema de Sara Teasdale, el cual aparece en el cuento del mismo nombre, el cual es parte de las Crónicas Marcianas de Bradbury…..

….Como dijera Harlan Ellison…una plegaria para que el mundo de nuestros hijos sea mejor que el nuestro…

 

Vendrán lluvias suaves y olores de tierra,

y golondrinas que girarán con brillante sonido;

y ranas que cantarán de noche en los estanques

y ciruelos de tembloroso blanco

y petirrojos que vestirán plumas de fuego

y silbarán en los alambres de las cercas;

y nadie sabrá nada de la guerra,

a nadie le interesara que haya terminado.

A nadie le importará, ni a los pájaros ni a los árboles,

si la humanidad se destruye totalmente;

y la misma primavera, al despertarse al alba,

apenas sabrá que hemos desaparecido.